Datos técnicos
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Título original:
Shrek Forever After
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Año:
2010
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Estreno:
09/07/2010
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Duración:
93 minutos
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Director:
Mike Mitchell
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Género:
Animación
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Guión:
Josh Klausner, Darren Lemke, Ryan Harris (Libro: William Steig)
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Música:
Harry Gregson-Williams
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Web:
Sinopsis
Desde su estreno en 2001, rompiendo todos los moldes del cine de animación y de los “cuentos de hadas”, la saga de Shrek -cuya primera cinta se llevó el Oscar a la mejor película de animación- no ha parado de cosechar todos los éxitos habidos y por haber, no sólo arrasando en las taquillas de todo el mundo sino también por parte de la crítica. Ahora DremWorks Animation nos trae la cuarta entrega, y la que teóricamente supone el punto y final de esta brillante e ingeniosa saga. En lugar de aterrorizar a los aldeanos, un Shrek algo reticente y apático acepta ahora autografiar horcas de recuerdo. Y es que, tras acabar convertido en Rey y en hogareño padre de familia, ¿qué más podría hacer este famoso ogro?
La nostalgia hará caer al feo y grandullón héroe popular en una trampa, firmando un diabólico pacto con el persuasivo negociante Rumpelstiltskin, por el cual Shrek se encontrará de pronto en una versión alternativa y retorcida del país de Muy muy lejano, donde los ogros son perseguidos, Rumpelstiltskin es el rey, y Shrek y Fiona nunca se han conocido. Su misión será deshacer el pacto con la esperanza de salvar a sus amigos, restablecer su mundo y recuperar a su verdadero y único amor.
Enrique Matesanz
Shrek, Felices para siempre
Javier Matesanz
Con permiso de la Pixar en general y de “Toy Story” en particular, “Shrek” es uno de los mejores y más carismáticos personajes del cine moderno de animación. Pero todo tiene un final y hay que saber decir basta antes de que empiecen a deteriorarse los logros conseguidos por brillantes, magistrales a veces, méritos propios. Y por eso esta cuarta entrega servida en 3D debería ser, si no nos engaña la promoción de Dreamworks, la oportuna y digna retirada del ogro verde, que ha empezado a evidenciar síntomas inequívocos de agotamiento. Ya tienen muy poco o nada nuevo que contar en la factoría de Spielberg sobre ese lugar otrora imprevisible y encantador llamado “Muy muy
lejano”, y aunque sus personajes mantienen intacto su carisma cómico y su capacidad de traviesa empatía con el público (antes era de todas las edades, ahora sus incondicionales son cada vez más jóvenes porque los guiones son más ingenuos y esquemáticos), las historias en que se enmarcan son cada vez más insubstanciales, y son los personajes los que brillan en solitario, de forma aislada, con intermitentes destellos de lucidez cómica, que tienen más que ver con la complicidad y la familiaridad que el espectador tiene para con ellos, que no con el ingenio de las ocurrencias o con las situaciones que se nos presentan y que protagonizan. Es decir que, de algún modo, viven de rentas. Y es que podría decirse que los guionistas no están ya a la altura de los personajes que ellos mismos crearon. Y la prueba es que los nuevos no dan la talla. Ni el malévolo Rumpelstiltskin, artífice del conjuro que articula el argumento del film, ni la versión guerrera y aguerrida de Fiona. En cambio, el orondo Gato con botas vuelve a ser el mejor de la función, bien acompañado por el secundario de lujo que es el desmadejado y delirante, a la par que tontorrón, Asno. Sin duda los dos personajes que mantienen viva la función, porque en ellos pervive la esencia original de la saga, de cuyo sarcasmo inicial, ingenio desmitificador y humor corrosivo que le valió un Oscar al original, queda más bien poco en este último capítulo. Eso sí, al entretenimiento global cabe sumarle el espectáculo tridimensional de las nuevas tecnologías digitales, que mejoran el envoltorio aunque no aportan gran cosa al contenido.








