Datos técnicos
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Título original:
J. Edgar
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Año:
2011
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Estreno:
27/01/2012
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Duración:
136 minutos
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Director:
Clint Eastwood
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Actores:
Leonardo DiCaprio, Naomi Watts, Josh Lucas, Judi Dench, Armie Hammer, Ed Westwick, Dermot Mulroney, Lea Thompson
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Género:
Drama
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Guión:
Dustin Lance Black
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Música:
Clint Eastwood
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Fotografía:
Tom Stern
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Web:
Sinopsis
Los estrenos de Clint Eastwood como director se han convertido en los últimos años en auténticos acontecimientos cinematográficos, tanto por su relevancia artística como temática. De un modo u otro nunca dejan indiferente, pues elige con celo sus argumentos, se rodea de los mejores y él, sin duda, es uno de ellos. Para la ocasión ha requerido los servicios de Leonardo DiCaprio y Naomi Watts (“21 gramos”, Caza al espía”), y ha decidido recrear la vida de una de las personalidades más influyentes, poderosas y enigmáticas de la historia de los Estados Unidos: Edgar Hoover. Un hombre que con sólo 29 años fue contratado como director del FBI y continuó siéndolo durante casi 50 años, hasta su muerte en 1972. Sobrevivió a siete presidentes, pese a que más de uno quiso sustituirlo sin éxito. Y es que su archivo contenía secretos inconfesables que podrían haber hecho tambalearse a cualquier gobierno. Y sólo él tenía acceso. Una historia tan inquietante como apasionante, que en manos de Clint Eastwood deviene imprescindible.
Fancine
J. Edgar
Toni Camps
Antes de empezar, hay que decir que Clint Eastwood es uno de los directores más solventes de la escena cinematográfica actual, que sus películas tienen un nivel mínimo que muchos querrían ver transformado en máximo en sus propias carreras, y que es norteamericano. Muy norteamericano. Conocido es su amor a los valores patrios y a una forma de ver el mundo que, si bien le ha valido la etiqueta de viejo sabio, como en “Million dollar baby” o “Gran Torino”, también le ha traicionado en otras ocasiones. J. Edgar, el biopic del creador, fundador y jefe del FBI, en una película magníficamente dirigida, con una solvencia interpretativa de inmerecido olvido en la lista de nominados
al Óscar y un ritmo siempre al compás de la historia. De lado se quedan los prejuicios y las críticas por parte del sector más conservador de los EEUU, que la han tachado de escabrosa en ciertos aspectos. La película no es la mejor del admirado señor Eastwood, pero sí se queda en el grupo de finalistas.
A partir de aquí, un pero. El protagonista, un magistral Leonardo diCaprio que bebe de las fuentes de Brando en El Padrino, es un personaje que demuestra que merece una película durante la primera hora y media de metraje. Sin embargo, se hace algo repetitivo en su discurso, y, debido a que Eastwood no ha querido profundizar en los aspectos más morbosos del fundador del FBI para evitar una película sensacionalista, cosa que se le agradece, no ha sabido, como en otras ocasiones (Mistic river es un gran ejemplo), emocionar del todo al espectador.
Y una pregunta, ¿cómo es posible que el señor Eastwood permita que los maquilladores hagan un trabajo tan mediocre? Las máscaras de látex utilizadas para envejecer, sobre todo, a la señorita Gandy (Naomi Watts) o Robert Irvin (Josh Hamilton), hacen que uno termine fijándose en dónde estará colocada la peluca o si conseguirán mover las facciones al vocalizar. Un verdadero paso atrás en dos interpretaciones más que dignas.
Aún así, es una de esas películas que es mejor no perderse y que demuestran que el director de Sin perdón sigue en perfecta forma a sus casi 82 años, y que afianzan la carrera de un DiCaprio que parece haber encontrado de nuevo su rumbo. Grande, pero no grandiosa.








