Millennium 3 Daniel Alfredson, abril 2010

Millennium 3

Datos técnicos

  • Título original:

    Millennium 3

  • Año:

    2009

  • Estreno:

    05/03/2010

  • Director:

    Daniel Alfredson

  • Actores:

    Michael Nyqvist, Noomi Rapace, Michalis Koutsogiannakis, Anders Ahlbom, Lena Endre, Sofia Ledarp, Georgi Staykov, Per Oscarsson, Annika Hallin

  • Género:

    Thriller

  • Guión:

    Jonas Frykberg (Novela: Stieg Larsson)

  • Fotografía:

    Peter Mokrosinski

Sinopsis

La última entrega de la trilogía póstuma del periodista sueco Stieg Larsson llega por fin a nuestros cines. La tercera cinta de la saga Millennium, tras Los hombres que no amaban a las mujeres y La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. Y es que, desde que el primero de sus libros fuera publicado en 2005, en Suecia, la trilogía ha alcanzado un sorprendente y masivo éxito editorial con más de 21 millones de copias vendidas en más de 40 países, arrasando de forma excepcional en Suecia, Francia y España, y recibiendo toda clase de premios. El realizador Daniel Alfredson, responsable también de la segunda cinta de la saga, repite en la silla del director en esta última entrega, protagonizada nuevamente por Michael Nyqvist y Noomi Rapace.
Tras el agónico final de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, puede que Lisbeth Salander haya sobrevivido a ser enterrada viva, pero sus problemas están lejos de haber acabado. Está acusada de triple asesinato y fuerzas poderosas intentan silenciarla de una vez por todas. Mientras, Michael Blomkvist y sus investigadores de la revista Millenium tratarán de probar su inocencia y de desenmascarar a los corruptos.


Enrique Matesanz

Millennium 32 estrellas

Natàlia Rabassa

Al abordar la crítica de cualquiera de las partes de la trilogía Millenium es imposible separar la letra de la imagen. La propuesta de Alfredson, fue, desde el principio, un producto cuidadosamente diseñado para atrapar a los millones de lectores de Larsson. Y este argumento es especialmente cierto en la tercera entrega que resulta absolutamente ininteligible para espectadores no iniciados, esto es, que no hayan visto o leído la segunda parte, La Chica que soñaba con una Cerilla y un Bidón de Gasolina, que, en su formato literario, es, con mucho, la mejor de las tres partes y que en la gran pantalla no pasó de ser un largo (eterno) impasse, una propuesta puente que

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dejó más bien fríos a los fans más entregados. 

De hecho, la innecesaria adaptación cinematográfica de la saga debiera haberse quedado, en todo caso, en miniserie televisiva de lujo y, a pesar de  que algunos críticos opinan que lo mejor que se puede argüir de esta postrera tercera parte es que por fin se acaba, la que aquí suscribe quiere enarbolar alguna defensa a favor de la versión audiovisual de La reina en el palacio de las corrientes de aire (título que sigue resultándome incomprensible, incluso tras la lectura y el visionado de novela y film,  sobre todo teniendo en cuenta la literalidad de los dos anteriores con los que comparte únicamente su largo recorrido).  
El principal argumento a favor de esta tercera propuesta es su eficacia narrativa y visual. A pesar de que el director no consigue conmovernos jamás, sí logra interesarnos en una trama ágil y trepidante y mucho más política que policíaca (por fin se refleja el verdadero espíritu del comprometido Larsson). De nuevo la fotografía fría y ominosa, y el tratamiento de la luz, usada como instrumento metafórico y evocador del clima y del carácter nórdico, pero también de los horrores fascistas en las trastiendas del poder  de la demócrata Suecia. La impavidez de los actores casa bien con el objetivo del realizador, que se aleja intencionadamente de la emoción y de la afectación en pos de la denuncia, de la crónica casi documental, y que camina seguro hasta el clímax de la película, el  juicio, congruente y creíblemente distanciado de todos los clichés que contaminan el cine norteamericano. Una vez resuelto el juicio, el director, por coherencia narrativa, se ve obligado a  atar los otros cabos ( y los anuda con eficiencia), pero el espectador ya sabe que lo esencial terminó y comienza a despedirse con cierta melancolía de Lisbeth Salander, el verdadero leiv-motif de tantas y tantas páginas escritas, y  se descubre sonriendo con ternura y complicidad a la orgullosa y excéntrica punkie, icono de todas las víctimas y efectos colaterales del sistema capitalista, de nuestras sociedades enfermas.

Bocadillo comentario
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