Enrique Matesanz
A estas alturas ya se sabe que Celda 211 fue, sin lugar a dudas, la gran triunfadora de la XXIV edición de los Premios Goya. Pero es que la cosa no fue para menos. El brillante thriller carcelario del mallorquín Daniel Monzón se alzó nada menos que con ocho estatuillas: Mejor película, director, actor protagonista (imponente Luis Tosar, alias “Malamadre”), actriz de reparto (Marta Etura), actor revelación (increíble debut de Alberto Ammann), guión adaptado (Daniel Monzón y Jorge Gerricaechevarría), sonido y montaje. Casi nada.
Y lo cierto es que la primera gala de la Academia del Cine Español con el cineasta Álex de la Iglesia al frente, fue también un triunfo. Amena y divertida -gracias a la atinada elección del presentador, Andreu Buenafuente, quien desplegó todo su bien conocido “saber hacer” televisivo-, la gala supuso también el necesario reencuentro entre uno de los máximos exponentes de nuestro cine, Pedro Almodóvar, y nuestra academia cinematográfica, tras más de cinco años de silencio. Un reencuentro que puso al público en pie cuando el realizador manchego apareció por sorpresa para entregar el premio a la mejor película. Ni que decir tiene la emocionada y profunda ovación dedicada a la memoria del último gran ausente de nuestro cine, el gran José Luis López Vázquez.
La gala comenzó con la sombra de Alejandro Amenábar planeando sobre el patio de butacas. Ágora, que partía con 13 nominaciones, acumulaba uno tras otro todos los galardones técnicos, como efectos especiales, fotografía, dirección artística, guión original, vestuario... y así hasta siete estatuillas, que no es poco, pero con el último galardón técnico acabó su noche. El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, se alzó únicamente con el Goya a la mejor película hispanoamericana y el de mejor actriz revelación, sorprendentemente para la más que conocida actriz argentina Soledad Villamil. Y el mal llamado “perdedor” de la noche, fue sin duda el madrileño Fernando Trueba, con su cinta El baile de la Victoria, la cual, optando a nueve galardones, finalmente se fue de vacío.
Entre los demás triunfadores, aunque no mencionaremos a todos (impera la brevedad editorial), la interpretación de Raúl Arévalo en Gordos, la cinta de Daniel Sánchez Arévalo, le valió el Goya al mejor actor de reparto. Una pletórica Lola Dueñas hacía lo propio en la categoría de mejor actriz protagonista, gracias a su interpretación en la cinta Yo, también. Y como no, la partitura de Alberto Iglesias –quien ya suma ocho premios Goya en su haber- se alzó con el galardón a la mejor música por Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar.
Lo demás es historia, y el título de ese capítulo ya lo sabemos todos: Celda 211. ¡Enhorabuena Daniel!
La gala comenzó con la sombra de Alejandro Amenábar planeando sobre el patio de butacas. Ágora, que partía con 13 nominaciones, acumulaba uno tras otro todos los galardones técnicos, como efectos especiales, fotografía, dirección artística, guión original, vestuario... y así hasta siete estatuillas, que no es poco, pero con el último galardón técnico acabó su noche. El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, se alzó únicamente con el Goya a la mejor película hispanoamericana y el de mejor actriz revelación, sorprendentemente para la más que conocida actriz argentina Soledad Villamil. Y el mal llamado “perdedor” de la noche, fue sin duda el madrileño Fernando Trueba, con su cinta El baile de la Victoria, la cual, optando a nueve galardones, finalmente se fue de vacío.
Entre los demás triunfadores, aunque no mencionaremos a todos (impera la brevedad editorial), la interpretación de Raúl Arévalo en Gordos, la cinta de Daniel Sánchez Arévalo, le valió el Goya al mejor actor de reparto. Una pletórica Lola Dueñas hacía lo propio en la categoría de mejor actriz protagonista, gracias a su interpretación en la cinta Yo, también. Y como no, la partitura de Alberto Iglesias –quien ya suma ocho premios Goya en su haber- se alzó con el galardón a la mejor música por Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar.
Lo demás es historia, y el título de ese capítulo ya lo sabemos todos: Celda 211. ¡Enhorabuena Daniel!







