Javier Matesanz
No intentaremos sintetizar la trayectoria musical de l’algaidí Joan Valent en un párrafo de este artículo. Seria absurdo e imposible. Así que nos ceñiremos a lo nuestro, que es el cine, y hablaremos de su trabajo como compositor de bandas sonoras, sin intentar ni de lejos encasillarlo como tal, ya que esta es sólo una de sus facetas creativas. Y ni tan siquiera la más prolífica, aunque lleve ya casi una decena de films musicados. Por ejemplo: Mararía, El viaje de Arián, Marujas asesinas, La caja o El cónsul de Sodoma.
Para redactar este artículo aprovecharemos parte de la conversación que hace varias semanas mantuvimos con Valent en el programa Cinemal•loqui de IB3 Ràdio, y donde nos habló del presente, pasado y futuro de su relación con el cine.
¿Podremos encontrar en breve alguna de tus últimas bandas sonoras editadas?
Ahora mismo no está previsto de forma inmediata.
¿Hay mercado discográfico para este tipo de composiciones?
Lo cierto es que no mucho. Hay un público muy reducido que garantiza la venta de tal vez un par de millares de copias, pero el negocio exige mucho más. Hay excepciones claro, pero son excepciones.
¿Tus trabajos para el cine se han editado todos?
Ni mucho menos. De hecho son pocos los que han salido a la venta, pero la verdad es que su función es otra. Están pensados en primer término para acompañar las imágenes de una película, de modo que si después se edita pues mejor, pero no es esa su finalidad.
¿Las bandas sonoras son la música clásica actual?
No. En las películas cabe todo. Depende del producto que sea se puede utilizar una música sinfónica o de cualquier otro tipo, pero no se puede hacer ni mucho menos esa asociación de ideas. El cine es muy mediático y la música muy popular. Sobretodo ahora en el mercado de la globalización. De modo que cualquier creación puede ser música de cine en función de las necesidades del film.
También has compuesto música para el teatro.
Sí. Muy a menudo, además. El pasado año trabajé con Pep Tosar para su obra Molts records per a Ivanov (estrenada en el Teatre Principal de Palma), pero también he colaborado en espectáculos de Juan Carlos Coraza, Sara Baras y Rafael Amargo; o con el Festival de Teatro Clásico de Mérida, por ejemplo.
¿Y cuál es el proceso creativo a la hora de componer una banda sonora?
Depende de cada trabajo y del director del mismo. Cada uno tiene su sistema y yo también tengo el mío. Algunos te cuentan el argumento y te dan algunas directrices o te explican lo que quieren que aporte la música al conjunto, otros simplemente te invitan al rodaje o a los ensayos para que veas por donde van los tiros, y también hay casos en que esperas a ver un copión del material rodado y luego te pones a trabajar.
¿Y ahora en qué estás?
Tengo muchos proyectos. Concretamente cuatro películas. Una de Montxo Armendáriz, otra de Mateo Gil, una tercera de Antonio Chavarrías y una más alemana. Además este año se estrenó en la Berlinale un documental sobre el arquitecto Norman Foster (Mr. Foster) que también llevaba música mía. Se proyectó en el mismo cine que sale en Malditos bastardos.
¿Podremos encontrar en breve alguna de tus últimas bandas sonoras editadas?
Ahora mismo no está previsto de forma inmediata.
¿Hay mercado discográfico para este tipo de composiciones?
Lo cierto es que no mucho. Hay un público muy reducido que garantiza la venta de tal vez un par de millares de copias, pero el negocio exige mucho más. Hay excepciones claro, pero son excepciones.
¿Tus trabajos para el cine se han editado todos?
Ni mucho menos. De hecho son pocos los que han salido a la venta, pero la verdad es que su función es otra. Están pensados en primer término para acompañar las imágenes de una película, de modo que si después se edita pues mejor, pero no es esa su finalidad.
¿Las bandas sonoras son la música clásica actual?
No. En las películas cabe todo. Depende del producto que sea se puede utilizar una música sinfónica o de cualquier otro tipo, pero no se puede hacer ni mucho menos esa asociación de ideas. El cine es muy mediático y la música muy popular. Sobretodo ahora en el mercado de la globalización. De modo que cualquier creación puede ser música de cine en función de las necesidades del film.
También has compuesto música para el teatro.
Sí. Muy a menudo, además. El pasado año trabajé con Pep Tosar para su obra Molts records per a Ivanov (estrenada en el Teatre Principal de Palma), pero también he colaborado en espectáculos de Juan Carlos Coraza, Sara Baras y Rafael Amargo; o con el Festival de Teatro Clásico de Mérida, por ejemplo.
¿Y cuál es el proceso creativo a la hora de componer una banda sonora?
Depende de cada trabajo y del director del mismo. Cada uno tiene su sistema y yo también tengo el mío. Algunos te cuentan el argumento y te dan algunas directrices o te explican lo que quieren que aporte la música al conjunto, otros simplemente te invitan al rodaje o a los ensayos para que veas por donde van los tiros, y también hay casos en que esperas a ver un copión del material rodado y luego te pones a trabajar.
¿Y ahora en qué estás?
Tengo muchos proyectos. Concretamente cuatro películas. Una de Montxo Armendáriz, otra de Mateo Gil, una tercera de Antonio Chavarrías y una más alemana. Además este año se estrenó en la Berlinale un documental sobre el arquitecto Norman Foster (Mr. Foster) que también llevaba música mía. Se proyectó en el mismo cine que sale en Malditos bastardos.










