Javi Pueyo
Me resulta difícil resumir en tan poco espacio la vida de este genial actor, que a lo largo de su extensa carrera realizó más de 200 papeles, comenzando a destacar en los años 50 secundando a James Dean en Rebelde sin Causa y Gigante.
Los más cinéfilos nunca olvidarán sus interpretaciones a las órdenes de cineastas tan prestigiosos como Coppola (Apocalypse now, La ley de la calle), Win Wenders (El amigo americano), David Lynch (Terciopelo azul), Bigas Luna (Reborn) o Isabel Coixet (Elegy).
A pesar de encarnar todo tipo de personajes, el gran público siempre le recordará como un villano de lujo en superproducciones como Speed, Waterwold o la bizarrísima Super Mario Bros, o como gangster en títulos mucho mas destacables: Ajuste de cuentas o Frankie the Fly.
Mi afición al cine fantástico me obliga a recordar su paso por la saga La matanza de Texas (concretamente la segunda parte, dirigida por Tobe Hooper) en la que mantenía un inolvidable duelo de sierras mecánicas contra el genial Cara de Cuero. Por otro lado, George A. Romero hizo que fuese devorado por unos zombies en la estupenda La Tierra de los muertos vivientes.
Pero sin lugar a dudas, la mejor secuencia que Dennis Hopper rodó en vida fue curiosamente a las órdenes de un director por lo general mediocre, Tony Scott. Pero jugaba con ventaja, porque en el set le acompañaban Christopher Walken y James Gandolfini, y todo ello, bajo un guión de Quentin Tarantino. La peli se llamaba Amor a quemarropa, y sin ser ninguna maravilla (pero sí la obra maestra de Tony Scott), contenía algunas secuencias de interés, destacando el interrogatorio de Walken hacia Hopper, con unos diálogos sencillamente magistrales (y al subtítulo de este artículo me remito).
Para finalizar, recordar que también fue director (Colors, Caido del cielo…) y que la academia de Hollywood sólo le nominó dos veces a los Oscars: por su guión de Easy Rider (su opera prima como director) y como mejor secundario por la ochentera Hoosiers: más que ídolos, todo un clásico para los amantes del baloncesto.
A pesar de encarnar todo tipo de personajes, el gran público siempre le recordará como un villano de lujo en superproducciones como Speed, Waterwold o la bizarrísima Super Mario Bros, o como gangster en títulos mucho mas destacables: Ajuste de cuentas o Frankie the Fly.
Mi afición al cine fantástico me obliga a recordar su paso por la saga La matanza de Texas (concretamente la segunda parte, dirigida por Tobe Hooper) en la que mantenía un inolvidable duelo de sierras mecánicas contra el genial Cara de Cuero. Por otro lado, George A. Romero hizo que fuese devorado por unos zombies en la estupenda La Tierra de los muertos vivientes.
Pero sin lugar a dudas, la mejor secuencia que Dennis Hopper rodó en vida fue curiosamente a las órdenes de un director por lo general mediocre, Tony Scott. Pero jugaba con ventaja, porque en el set le acompañaban Christopher Walken y James Gandolfini, y todo ello, bajo un guión de Quentin Tarantino. La peli se llamaba Amor a quemarropa, y sin ser ninguna maravilla (pero sí la obra maestra de Tony Scott), contenía algunas secuencias de interés, destacando el interrogatorio de Walken hacia Hopper, con unos diálogos sencillamente magistrales (y al subtítulo de este artículo me remito).
Para finalizar, recordar que también fue director (Colors, Caido del cielo…) y que la academia de Hollywood sólo le nominó dos veces a los Oscars: por su guión de Easy Rider (su opera prima como director) y como mejor secundario por la ochentera Hoosiers: más que ídolos, todo un clásico para los amantes del baloncesto.










